viernes, 31 de julio de 2009

Carta abierta al melonero

Señor melonero, me alegro que usted lleve melones, pepinos, tomates y sandías. Me alegro que sean de buena -¡qué digo!, de muy buena- calidad. Me alegro que se pueda permitir venderlos a esos precios. Me alegro que si le hago una buena compra me regale una berenjena. Me alegro, en serio, señor melonero. Pero no me toque más los cojones. Estoy de vacaciones y no me apetece que venga usted a las 9:00 a despertarme. Le paso que pegue voces, le paso que toque el claxon de su furgoneta, le paso su prohibida venta ambulante, pero ¡coño! no me llame al timbre, que llevo todo el año levantándome a las 6:30 para ir a trabajar y ahora necesito descansar. Déjeme descansar. Venda cuanto quiera, pero déjeme en paz, joder. Si es usted tan amable, y para enmendar la guerra que me está dando, hágale llegar esta carta también al tapicero, al “afilaooooor”, al panadero y al pescadero. Muchas gracias.

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